La escena inicial con el carrito de compras y fuegos artificiales es pura adrenalina visual. Ver a la protagonista defendiendo al chico herido mientras corren bajo las luces me hizo sentir en una montaña rusa emocional. La química entre ellos en Con mi Gatling falsa, me gané un esposo es eléctrica, especialmente cuando él la mira con esa mezcla de sorpresa y admiración. El abuelo añade un toque de misterio que deja con ganas de más. ¡Una joya de corto!