Yamira Silva brilla con ese vestido blanco, realmente impone presencia en cada paso. La escena donde llega Blanca Cruz se siente tensa, como si el aire se cortara de golpe. Me encanta cómo en Todo lo que di, lo quité manejan estos conflictos de clase sin decir una palabra. La mirada de Yamira lo dice todo sobre su poder.
Blanca Cruz llega creyéndose la dueña del lugar, pero no sabe con quién se mete realmente. Ese vestido morado es hermoso pero su actitud arrogante lo arruina todo. Ver cómo la ponen en su lugar al final es muy satisfactorio. La trama de Todo lo que di, lo quité no decepciona en giros inesperados para nadie.
La pequeña Sofia García es un dulzura en medio del caos familiar. Proteger a su madre Yamira Silva muestra su valentía temprana. Es triste verla en medio de disputas adultas tan peligrosas. En Todo lo que di, lo quité los personajes secundarios también tienen peso emocional fuerte que conecta.
Felipe Cruz entra como un toro, ese cigarro y la mirada fría dan miedo instantáneo. Se nota que es el jefe real de toda la operación peligrosa. Cuando golpea a Blanca Cruz, supe que Yamira estaba segura siempre. La autoridad en Todo lo que di, lo quité se respeta así, sin gritos innecesarios.
María siempre leal, se nota que quiere a Yamira Silva más que a su propio trabajo diario. Esa escena donde defiende a la niña es conmovedora para el público. Las sirvientas en Todo lo que di, lo quité tienen más corazón que los ricos a veces, lo cual es interesante ver.