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Dulce, mía o de nadieEpisodio37

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Dulce, mía o de nadie

Dulce Duarte siempre se arrepintió de haber pasado una noche con Esteban del Valle, el hombre que amó en silencio durante ocho años… y haberle cobrado. Desde entonces, él la busca cada noche, pero de día son como dos extraños. Dulce creyó ser solo su juguete, sin saber que Esteban ya estaba obsesionado con ella. Se volvió su dulce adicción.
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Crítica de este episodio

Tensión imposible de ignorar

La tensión entre Del Valle y ella es increíble. Casi se besan pero ella se arrepiente luego. En Dulce, mía o de nadie los sentimientos son muy confusos. Él la acorrala y ella no sabe qué hacer. Me encanta ver cómo lucha contra lo que siente por él mientras intenta mantener la compostura en la fiesta.

El arrepentimiento de Del Río

La Srta. Del Río dice que está loca por casi acostarse con él. Qué momento tan intenso en Dulce, mía o de nadie. Se nota que hay mucha química pero también mucho miedo. El cambio de vestido marca un antes y un después en su actitud hacia él. ¿Podrá resistirse mucho tiempo?

Triángulos y secretos

Del Valle sale del cuarto y habla con su asistente sobre otra mujer llorando. Qué complicado es todo en Dulce, mía o de nadie. Parece que hay triángulos amorosos por todos lados. Su frialdad al dar órdenes contrasta con la pasión que mostró hace un momento dentro de la habitación.

Un cambio de estilo significativo

Cuando ella sale con el vestido negro y guantes, Del Valle le dice que parece una adulta. Ese comentario en Dulce, mía o de nadie fue muy fuerte. Es como si la estuviera tratando de controlar siempre. La mirada de ella cambia completamente al escucharlo. Me tiene enganchada esta trama.

Celos posesivos

Le advierte que se aleje de Andre. Los celos son evidentes en Dulce, mía o de nadie. Del Valle no soporta que ella esté cerca de otro hombre. La forma en que la acorrala contra la pared demuestra su posesividad. Es tóxico pero no puedo dejar de ver lo que pasa entre ellos.

El asistente lo sabe todo

El asistente parece saber demasiado de los líos amorosos. En Dulce, mía o de nadie todos están metidos en el drama. La Srta. Del Río llorando en el jardín añade más culpa a la situación. Del Valle actúa como si nada pero por dentro debe estar ardiendo en conflictos internos.

Límites y deseo

Ella dice que no cuando Del Valle quiere continuar. El consentimiento y la duda son claves en Dulce, mía o de nadie. No es un sí automático aunque haya tensión. Ella quiere mantener sus límites pero él es muy insistente. Esta lucha de poder es lo mejor de la serie hasta ahora.

Atmósfera de hotel de lujo

La escenografía del hotel es muy lujosa. En Dulce, mía o de nadie el ambiente ayuda a la tensión. Las pantallas, la iluminación, todo crea un clima íntimo. Cuando cambian al pasillo la dinámica se vuelve más pública y peligrosa. Me encanta el estilo visual que tienen.

La advertencia final

Del Valle la llama por su nombre completo al final. Andrés Cortázar suena muy serio en Dulce, mía o de nadie. Es como una advertencia final antes de separarse. Ella camina lejos pero se siente el peso de sus palabras. Qué final de escena tan cargado de significado para los personajes.

Adicción total a la trama

Ver esta serie en la plataforma es una adicción. Dulce, mía o de nadie tiene ese ritmo rápido que me gusta. Cada minuto hay un giro o una revelación emocional. Los actores transmiten muy bien la confusión y el deseo. Espero ver qué pasa con Andre en el próximo capítulo.