Me duele el corazón ver a la pequeña Stella tan asustada. Richard le exige llamar 'mamá' a una extraña y la agarra con fuerza. Caroline parece confundida, pero la empleada ya se fue diciendo 'buena suerte'. Esto huele a tragedia familiar de las que duelen de verdad.
Qué ironía que Richard diga que ha manejado miles de divorcios y valore el matrimonio, mientras habla por teléfono preguntando si la esposa de otro 'lo golpeó'. Su hipocresía es evidente. Caroline sonríe, pero no sabe en qué lío se metió al casarse con él.
Esa foto de la madre de Stella en el calabozo de libros dice mucho. Richard la esconde, pero Stella la busca. Cuando Caroline la ve, la tensión sube. Es un detalle triste que muestra cómo el padre borra a la madre. En Entre mujeres nos ayudamos, esas heridas sanarían.
Caroline llega feliz a su mansión de luna de miel, pero la realidad es fría. La empleada se va y la deja sola con un marido controlador y una hijastra traumatizada. Su sonrisa se borra rápido. Ojalá tenga amigas que la saquen de ahí antes de que sea tarde.
Al principio, la mano de Richard en la rodilla de Caroline parece romántica, pero después de ver cómo agarra a Stella, ese gesto se siente posesivo y amenazante. Él quiere controlar a todas las mujeres en su vida. Qué escalofriante cambio de perspectiva.