Justo cuando pensaba que sería todo serio, aparece el chico con el menú de comida y esos guardias con cabeza de toro. El contraste de tonos en Mi cocina somete a los espectros es genial. Pasa de la tensión sexual a la comedia absurda en un segundo. Definitivamente no es lo que esperaba ver hoy.
Los primeros planos de los ojos de ella, llenos de rabia y confusión, son arte puro. Se nota que hay mucha historia detrás de ese conflicto. En Mi cocina somete a los espectros saben cómo usar el lenguaje corporal para contar más que mil palabras. Estoy obsesionada con su expresión facial.
Ese tipo con la armadura negra y la sonrisa malvada me tiene fascinada. Da miedo pero no puedes dejar de mirarlo. La forma en que domina la habitación en Mi cocina somete a los espectros demuestra un poder absoluto. Es el tipo de antagonista que robas todas las escenas.
A pesar de las armas y las peleas, hay momentos donde se siente una conexión real entre ellos. La escena en el dormitorio tiene una intimidad que contrasta con el peligro exterior. Mi cocina somete a los espectros equilibra muy bien la acción con los sentimientos humanos.
Desde el diseño de los uniformes hasta la iluminación de la base militar, todo se ve espectacular. La calidad de animación en Mi cocina somete a los espectros es de otro nivel. Cada fotograma parece un cuadro pintado con mucho cuidado y detalle artístico.