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Mi esposo quería matarme Episodio 66

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Mi esposo quería matarme

Luna Ríos se convirtió en la Srta. Clara y se casó con Leo Vargas, sabiendo que él la mataría en un mes. Junto al emperador Iván Mena, intentó cambiar su destino. Sedujo a Leo para sobrevivir, mientras Inés Duarte conspiró. Entre traiciones y guerra, logró salvarlo… y cambió su final.
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Crítica de este episodio

El beso que detuvo el tiempo

Ver cómo él se inclina para besarla mientras duerme me rompió el corazón en mil pedazos. La ternura en sus ojos contrasta con la tristeza de la despedida. En Mi esposo quería matarme, estos pequeños gestos dicen más que mil palabras. La espera de tres meses se siente eterna, pero ese reencuentro bajo los cerezos vale cada segundo de angustia.

Una nota, un destino

Esa pequeña nota que deja junto a ella es el detonante de toda la emoción. Me encanta cómo la cámara se enfoca en el papel mientras ella duerme inocente. La transición de tiempo está magistralmente lograda con los pétalos cayendo. Verla leer esas palabras y dejarla caer muestra un dolor contenido impresionante. Definitivamente Mi esposo quería matarme sabe cómo jugar con nuestras emociones.

El reencuentro soñado

Cuando él aparece de nuevo y recoge la nota del suelo, el aire se corta. La mirada de ella pasa de la tristeza a la incredulidad en un instante. Correr hacia él y ese abrazo apasionado bajo el árbol de flores es la escena más romántica que he visto. La química entre los actores es innegable y hace que Mi esposo quería matarme sea una joya visual.

Detalles que enamoran

No puedo dejar de notar la iluminación cálida de las velas en la primera escena, crea una atmósfera íntima y melancólica perfecta. El vestuario rosa de ella tres meses después simboliza esperanza y renovación. Cada plano está cuidado al máximo, desde el peinado hasta los accesorios. Es evidente que en Mi esposo quería matarme el amor por el detalle es absoluto.

La espera valió la pena

Esa secuencia donde ella camina sola y deja caer la carta representa perfectamente la soledad de la espera. Pero cuando él regresa, la intensidad del beso nos compensa por toda la tristeza anterior. Giran en el patio como si el mundo no existiera. Esos momentos de pura felicidad en Mi esposo quería matarme son los que nos enganchan a la pantalla.

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