¡Qué giro más brutal! Paul llama a su 'tío' para que lo defienda, pero resulta que el tipo al que amenaza es el JEFE de ese tío. La cara de Max cuando se da cuenta es impagable. En Mi prometido es de la mafia las jerarquías se respetan o te queman vivo.
Max entra con esa actitud de 'aquí mando yo', pero en cuanto ve a quién está amenazando su sobrino, se le borra la sonrisa. La tensión en la sala se corta con un cuchillo. Ver cómo intenta arreglar el desastre diciendo que Paul 'no sabía' es puro oro.
Este chico tiene más confianza de la que debería. Amenazar al subjefe de tu propio tío es suicidio puro. La escena donde Max le pregunta '¿Es verdad?' y Paul niega con la boca pequeña es hilarante. Definitivamente, en Mi prometido es de la mafia nadie perdona una falta de respeto así.
Me encanta cómo cambia la dinámica de poder en segundos. Paul se siente valiente hasta que Max llega y lo pone en su sitio. La orden de 'revisa su bolsillo' al final deja claro que aquí no hay segundas oportunidades. ¡Qué intensidad!
Paul aprendió de la manera difícil que no todos los enemigos son iguales. Creer que tu tío te salvará de cualquier lío es un error de novato. La actuación de Max transmitiendo miedo y respeto a la vez es magistral. Esto es justo lo que esperaba de Mi prometido es de la mafia.