Rocío Cortés tenía 18 años cuando conoció a Ramiro Silva, un hombre herido que la protegió. Él era un policía encubierto en Ciudad Frontera. Un día, huyó dejándole una carta: “Olvídame”. Cuatro años después, ella era periodista y él regentaba la Posada Rocío. Al reencontrarse, él dijo: “Soy Ramiro”. Ella entendió que sus mentiras fueron su protección.