La escena inicial de Pagué su vida con otra es pura adrenalina. La dinámica de poder entre el hombre de pie y el grupo que lo rodea crea una atmósfera opresiva. Los primeros planos capturan perfectamente la desesperación y la arrogancia. Es imposible no sentirse atrapado en este conflicto desde el primer segundo. La actuación es tan cruda que duele verla.