Ver a Laura pasar de la incredulidad al colapso total es desgarrador. La escena donde grita 'Soy rica' en la calle mientras la gente la mira como a una loca duele en el alma. En Soy la protagonista, la actuación transmite una desesperación tan real que te hace querer entrar en la pantalla para consolarla. El contraste entre su elegancia y su locura es brutal.
La mujer de gris no tuvo piedad al revelar el origen humilde de Laura. Decirle que su padre es un borracho y su hermano un jugador fue un golpe bajo innecesario. Me encanta cómo Soy la protagonista no tiene miedo de mostrar la cara más fea de las relaciones humanas. La tensión en esa sala era tan densa que casi se podía cortar con un cuchillo.
La transformación del jefe de la calma a la furia absoluta al saber que Laura está en el psiquiátrico es increíble. Romper objetos y gritar a sus empleados muestra cuánto le importa realmente, aunque lo niegue. En Soy la protagonista, estos momentos de vulnerabilidad masculina son raros y muy potentes. Se nota que la situación con María Torres también le afecta profundamente.
Nunca olvidaré la imagen de Laura corriendo por la noche, despeinada y gritando que es rica mientras los transeúntes la evitan. Es una metáfora visual perfecta de cómo el dinero no compra la salud mental. Soy la protagonista acierta al mostrar que el estatus social se desmorona cuando pierdes la cabeza. La actuación física de la actriz es de otro nivel.
La mujer del traje rojo tiene toda la razón al llamarlo un ataque a traición. Atacar a alguien por su familia es sucio. Me gusta que en Soy la protagonista haya personajes que defiendan lo indefendible y muestren lealtad. La dinámica entre estas mujeres es compleja y llena de matices que te mantienen pegado a la pantalla esperando el siguiente giro.