No puedo dejar de mirar la expresión de Holga cuando ve a Edgin volando. Es esa mezcla de shock y orgullo que define su relación. En Un golpe en modo dios, las reacciones de los personajes secundarios añaden una capa emocional muy necesaria a la acción desenfrenada.
La batalla entre el gigante de agua de Fury y el mago enemigo es espectacular. Ver a Edgin caer desde el cielo para rematar el golpe fue épico. Un golpe en modo dios sabe cómo escalar la tensión hasta el límite sin perder el sentido del humor característico de la banda.
Me encanta cómo muestran a Simon temblando y asustado mientras observa el caos. Su humanidad contrasta perfectamente con la magia desbordada. En Un golpe en modo dios, incluso en medio de la batalla, los miedos de los personajes se sienten muy reales y cercanos.
La toma de Doric con los ojos muy abiertos capturó perfectamente el asombro del momento. Es raro verla tan sorprendida, lo que indica lo poderoso que es el tridente. Un golpe en modo dios utiliza bien las reacciones del grupo para medir la magnitud del peligro.
La arrogancia del mago enemigo al enfrentar a Edgin fue su perdición. Creyó que podía controlar el agua, pero no contó con el vínculo del tridente. En Un golpe en modo dios, la caída del villano es tan satisfactoria como el ascenso del héroe.