Traicionado por sus hermanos y condenado a muerte por la Emperatriz, Martín enfrentó su fin. Pero en el patíbulo, un sistema reescribió su destino. De pronto, la Guardia Imperial le juró lealtad y los nobles le entregaron el poder. Frente a la Emperatriz, dijo que este reino necesitaba un nuevo dueño. Ellos lo llamaron traidor, pero el imperio lo llamó emperador. ¿Quién tendría la última palabra?