Mía tenía ojos dorados y poderes espirituales. Llevó fortuna a su familia adoptiva, pero ellos le dieron el mérito a su hija, la traicionaron e intentaron venderla. Ella escapó y conoció a Kerrick, su padre biológico, aunque ninguno lo sabía. Él la llevó con los Marshall; allí Mía les devolvió la suerte y halló una mina de oro que hundió a su antigua familia.