En pleno compromiso, Damián Valcázar volvió cubierto de sangre, arrebató a la novia y la hizo suya. El vestido roto fue su marca. Clara Santillán fingió ser su esposa enamorada, pero escondió un cuchillo. Frente al espejo, él le sujetó la mano y le preguntó quién le daba placer.