Gary vuelve de la Antártida y todo parece normal… hasta que Draco aparece. La tensión en la mesa es palpable, y Harper no sabe si reír o llorar. En Bebé, me estás perdiendo, cada mirada dice más que mil palabras. ¿Por qué Draco sigue insistiendo?
Draco se corta arreglando la tubería, pero lo que realmente sangra es su orgullo. Gary lo observa con una mezcla de lástima y admiración. En Bebé, me estás perdiendo, hasta los accidentes tienen doble sentido. ¿Está Draco demostrando algo… o solo buscando atención?
Un pavo dorado, panes esponjosos y una conversación que se desmorona como un soufflé mal horneado. Harper intenta mantener la compostura, pero Draco lo cambia todo. En Bebé, me estás perdiendo, hasta la comida pierde sabor cuando el pasado toca la puerta.
No importa cuántas veces Harper le diga que no, Draco sigue apareciendo. ¿Es amor? ¿Obsesión? ¿O solo un tipo que no sabe tomar 'no' como respuesta? En Bebé, me estás perdiendo, su determinación es tan admirable como incómoda.
Gary solo quiere comer en paz, pero termina siendo el puente entre Harper y Draco. Su expresión cuando dice 'ese chico cambió' lo dice todo. En Bebé, me estás perdiendo, hasta los padres se convierten en terapeutas sin título.