¡Qué tensión! La escena donde la dama de rosa es descubierta sobre el tirano es puro fuego. Pero lo mejor es cuando ese libro cae y cambia todo el juego de poder. En El tirano dominador insiste en mimarla, cada mirada duele más que un golpe. La emperatriz viuda no pierde detalle, y esa pelea por el manuscrito... ¡uf! Se siente como si estuvieras escondida tras las cortinas, conteniendo la respiración. Los vestidos, los peinados, hasta el aire cargado de incienso... todo grita drama palaciego del bueno. Y esa chica de azul claro, tan frágil por fuera pero con ojos de acero... ¡me tiene enganchada!