Lidia Ríos nunca renunció a su sueño de ser traductora, pese a la pobreza y el acoso. Años atrás, en una noche, iluminó sin saberlo el momento más oscuro de Nicolás. Cuando él reapareció, comenzó a protegerla, abriéndole puertas y convirtiéndose en su apoyo. Cuando Lidia brilló en una cumbre, Nicolás la observó con una sonrisa. Amar era creer en alguien, incluso en la oscuridad.