La tensión en Al volante, sin permiso es insoportable desde el primer segundo. Ese chico con chaqueta de cuero parece tener un plan, pero todos sabemos que salirse de la carretera de noche nunca termina bien. La escena donde atan la cuerda al camión y tiran con todas sus fuerzas me tuvo al borde del asiento. El momento en que el vehículo se precipita hacia el río bajo un cielo estrellado es visualmente impactante y aterrador. La dinámica del grupo cambia radicalmente cuando el pánico se apodera de ellos. Una montaña rusa de emociones que no te deja respirar.