Desde el primer segundo, la tensión no da tregua. Ver a ese grupo corriendo en la oscuridad, con la camioneta como único testigo, me puso los pelos de punta. La chica al volante transmite una desesperación tan real que casi puedo sentir el volante bajo mis manos. Cuando la camioneta cae al agua, el corazón se detiene. En Al volante, sin permiso, cada mirada y cada silencio cuentan una historia de supervivencia. No es solo acción, es el retrato de personas atrapadas en un momento que cambiará sus vidas para siempre.