La escena inicial me rompió el corazón. Ver a Cecilia arrastrándose mientras le arrebatan a sus hijos es brutal. Pero luego, ese giro con el retrato y la daga… ¡uf! El protagonista no puede creer que la mujer del cuadro sea la misma que vio ayer. Y cuando el niño dice 'esta daga es de mi mamá', todo cobra sentido. En (Doblado) Mis ojos en tus manos, cada detalle cuenta: la voz, el bolso, la mirada. La tensión entre pasado y presente está tan bien tejida que no puedes dejar de mirar. ¡Y ese final con la superposición del retrato y su rostro!