La tensión es insoportable desde el primer segundo. Ver a la protagonista en esa situación tan vulnerable mientras él parece indiferente duele, pero la llegada de la mujer en el blazer blanco cambia todo el juego de poder. La escena en el vestíbulo con el uniforme militar impone respeto absoluto. Es fascinante cómo Resulta que soy un Maestro Invencible maneja estos giros de celos y autoridad sin perder el ritmo. La química entre los personajes es eléctrica y la transformación de la chica de víctima a figura dominante es simplemente magistral.