La transformación de la protagonista es brutal. Pasa de mirar por la ventana con melancolía a montar un pterodáctilo morado sobre una ciudad destruida. La tensión sube cuando entra en la fábrica y se enfrenta a guardias armados. Verla caer por la rejilla al final me dejó con el corazón en la boca. En Robas mi búnker, ¿y mi T-Rex? la acción no da tregua y los efectos visuales son increíbles para este formato. ¡Qué final tan impactante!