La conexión entre la protagonista y su pterosaurio morado es tan intensa que duele. Verla llorar mientras lo abraza, o saltar valientemente sobre el cuello del saurópodo con ese anillo brillante, me hizo olvidar que estaba viendo una serie corta. En Robas mi búnker, ¿y mi T-Rex?, cada escena vuela más alto que sus criaturas. La mezcla de emoción pura, paisajes épicos y ese toque de ciencia ficción con portales azules… ¡es adictivo! No necesitas entender todo para sentirlo.