El Dr. Alfonso Quiroga entra como experto y declara que la acupuntura no tiene base científica para tratar derrames. Pero Mateo insiste: sin sus agujas, Rosa estaría muerta. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito!, este choque entre medicina tradicional y occidental es el verdadero conflicto. ¿Es pseudociencia o salvación? El juez parece dudar… y nosotros también.
La actuación de la actriz que interpreta a Rosa es desgarradora: llora, acusa, recuerda los ahorros de toda una vida. Mateo, en cambio, apenas habla, pero su mirada dice todo. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito!, cada silencio pesa más que un grito. Cuando ella dice "¡Estoy sana!", ¿es verdad o venganza? La ambigüedad es magistral.
Ferrer presenta al cirujano como testigo estrella, pero su tono suena demasiado ensayado. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito!, parece más interesado en ganar el caso que en buscar la verdad. Su frase "tratar un derrame con agujas es un disparate" suena a dogma, no a ciencia. ¿Será que teme lo que no puede controlar?
Las reacciones del público en el tribunal son tan importantes como los testimonios. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito!, cuando Rosa llora, algunas mujeres se cubren la boca; cuando Mateo habla, los jóvenes intercambian miradas de duda. No hay narrador, pero las caras lo dicen todo. Es cine de observación pura, sin música dramática, solo humanidad cruda.
Lo más triste no es que no le pagaran, sino que nadie crea que lo que hizo funcionó. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito!, Mateo no exige compensación, solo que Rosa admita que sus agujas la salvaron. Su pregunta "¿Tan segura estás de que puedes seguir sin mi tratamiento?" es un golpe bajo… pero también una súplica desesperada por validación.