Mateo afirma haber curado cáncer terminal cuando la medicina occidental decía que no había esperanza. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito! vemos el conflicto entre la ciencia oficial y los métodos alternativos. Su sentencia de veinte años parece desproporcionada si realmente salvó vidas. La ironía es que aquellos a quienes salvó ahora piden su cabeza por dinero. ¿Agradecimiento o traición?
Lo más aterrador de ¡Vuelve el Doctor Proscrito! no es el juicio, sino cómo la gente cambia de actitud. Primero suplican de rodillas por medicina, luego gritan que lo dejen pudrir en la cárcel. La mujer que colapsa al final muestra que el odio consume a quien lo practica. Mateo puede estar equivocado legalmente, pero moralmente la sociedad lo ha juzgado sin piedad.
El juez dicta sentencia basándose en la falta de licencia médica, ignorando completamente si los pacientes mejoraron o no. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito! esto plantea una pregunta incómoda: ¿es más importante el título o el resultado? Mateo llora no por la prisión, sino porque siente que falló al no hacerles ver la verdad. Un drama legal que duele en el alma.
El testimonio del experto diciendo que fue el propio sistema inmunológico del paciente quien lo curó es el clímax de la incredulidad. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito! Mateo grita que sin él estarían muertos, pero la ciencia lo niega. Es fascinante ver cómo la fe en lo inexplicable choca con la evidencia médica. ¿Milagro o coincidencia? La duda queda flotando en la sala.
Ver a Ramiro Duarte, el hombre que supuestamente tenía cáncer terminal, acusar a Mateo de robarle el dinero es el punto de quiebre. En ¡Vuelve el Doctor Proscrito! la ingratitud humana alcanza niveles épicos. Mateo recuerda cuando suplicaban de rodillas y ahora lo tratan como basura. La escena donde lo arrastran fuera mientras él insiste en apelar es desgarradora.