¡Qué escena tan brutal! Ver a ese grupo de hombres poderosos, que antes parecían intocables, arrodillarse temblando ante un joven en silla de ruedas es simplemente satisfactorio. La expresión de terror en sus rostros contrasta perfectamente con la calma absoluta del protagonista. En Genio médico supremo, la tensión se corta con un cuchillo; no hace falta gritar para demostrar quién manda realmente. Ese momento en que todos bajan la cabeza al unísono demuestra que el respeto no se exige, se gana con hechos. Una obra maestra de la inversión de poder que te deja pegado a la pantalla.