El salón del HRAEA HOTEL brilla con elegancia, pero bajo las luces doradas se esconden miradas cargadas de tensión. En ¡Surge, mi ejército de bestias!, cada brindis parece un duelo silencioso. Los trajes impecables y los vestidos de gala no logran ocultar las emociones que hierven entre los personajes. La escena del taxi al final rompe la burbuja de lujo, recordándonos que fuera de este mundo hay realidades muy distintas. Una obra visualmente deslumbrante y emocionalmente intensa