Ver cómo la abogada trabaja incansable mientras su esposo duerme plácidamente genera una empatía inmediata. La escena del desayuno es pura dinamita: la suegra y la cuñada atacan sin piedad, y él se queda callado como un cobarde. En Abogada de divorcios quiere divorciarse, la química entre los protagonistas es innegable, pero las barreras familiares parecen imposibles de derribar. Ese silencio incómodo mientras ella defiende su posición demuestra que la batalla legal será mucho más fácil que la guerra en casa. ¡Qué drama tan adictivo!