Ver al chef joven sacar el hueso entero del pez sin tocarlo es pura magia culinaria. La reacción del público, especialmente ese señor con traje a cuadros gritando '¡Dios mío!', me hizo sentir como si estuviera en la sala. En Chef supremo del mundo, cada gesto cuenta: desde la mirada seria del maestro hasta la sorpresa de la chica en blanco. ¡Esto no es cocina, es arte marcial con cuchillo!