Ver a Herrera defender al vagabundo mudo mientras el chef cuestiona su compasión me rompió el corazón. La tensión entre la ética y la supervivencia del restaurante está tan bien construida que casi puedo oler el humo de la cocina. En Chef supremo del mundo, cada mirada dice más que mil palabras, y aquí, el silencio del pobre chico grita más fuerte que cualquier diálogo. ¡Qué actuación tan contenida y poderosa!