La escena inicial con la chica en blanco llorando desconsoladamente por teléfono rompe el corazón, pero la llegada de su amiga en rojo cambia todo. Ese abrazo y la determinación en sus ojos muestran una amistad verdadera. La transición al hombre en el sofá, frío y calculador, crea un contraste brutal. En Después de renacer, destrocé al canalla, estos momentos de dolor y venganza están tan bien logrados que te hacen querer gritar de emoción. La tensión entre los personajes es palpable y la estética visual es impecable.