La tensión entre Alba Vidal y Diego Ruiz es eléctrica desde el primer segundo. Ver cómo ella dibuja en su espalda mientras él protege su silencio crea una atmósfera íntima y peligrosa. En Mi guardaespaldas es el gran jefe, cada mirada dice más que mil palabras. El lujo del hotel, el vestido brillante y la cercanía prohibida hacen que no pueda dejar de mirar. ¿Es amor o solo una ilusión de fama?