Ver a Inés pasar de la súplica a la confesión malvada es un giro magistral. En (Doblado) Siempre fui la abandonada, la actuación de la chica es increíble; primero parece una víctima indefensa pidiendo perdón a su madre, pero luego su sonrisa al admitir que deseaba la muerte de Valeria te hiela la sangre. Esa dualidad es lo que hace que esta escena sea inolvidable.
La rabia del hermano es totalmente justificada. Acusar a Inés de conspirar contra Valeria y lastimar a su madre una y otra vez muestra cuánto dolor ha causado esta chica. Cuando él grita '¡No me llames hermano!', se siente el peso de la traición. En (Doblado) Siempre fui la abandonada, las relaciones familiares están rotas y la tensión es insoportable.
Nada prepara para el momento en que Inés, ya en el suelo, admite con una sonrisa siniestra que ella tendió la trampa y deseaba que Valeria muriera. Es un cambio de tono brutal. De rogar por una oportunidad a burlarse de ellos. Verla decir 'fueron ustedes' mientras se ríe es el clímax perfecto de esta escena tan cargada de emoción.
La escena donde la madre abofetea a Inés es catártica. Después de escuchar cómo conspiró contra su hija y tuvo el descaro de pedir perdón, esa bofetada era necesaria. La expresión de la madre mezcla dolor y furia. En (Doblado) Siempre fui la abandonada, los momentos de confrontación física siempre marcan un punto de no retorno en la trama.
Inés es una villana fascinante. Intenta usar el miedo como excusa, diciendo que tenía miedo de que ya no la quisieran cuando Valeria regresó. Pero al final, su verdadera cara sale a relucir. Admitir que ella lastimó y humilló a Valeria con esa tranquilidad demuestra que no hay arrepentimiento real, solo maldad pura. Una actuación de otro nivel.