Ver a Elisa y Diego reencontrarse tras 25 años me dejó sin aliento. La escena del pasado, con ese tono sepia y la entrega de galletas caseras, es pura nostalgia. En (Doblado) Un hogar que perdimos, cada mirada cuenta una historia de amor no dicho. Diego confiesa que se fue al extranjero por ella, ¡qué giro tan emotivo! La química entre ambos es palpable, y el detalle del libro con la nota oculta es un guiño perfecto a los sentimientos guardados. Una joya de cortometraje que duele y sana al mismo tiempo.