La escena inicial de El visitante invisible es pura adrenalina. La agresión física entre los dos personajes en ese salón de lujo crea una atmósfera opresiva inmediata. Ver cómo el guardia somete al otro con tanta frialdad mientras este sufre es impactante. El giro con el teléfono y la llamada inesperada añade un misterio fascinante que engancha desde el primer segundo. ¡Qué intensidad!