La tensión en Hazla perder el control es insoportable. Ver al paciente herido apuntar con esa pistola mientras el doctor entra con furia crea un choque eléctrico. La escena del abrazo posterior es confusa pero apasionante. ¿Amor o manipulación? La explosión final del coche deja el corazón en la boca. Una montaña rusa de emociones donde nadie es quien parece ser y la traición acecha en cada esquina del pasillo.