La tensión entre Silas y Elena es insoportable desde el primer segundo en el baño. Me encanta cómo él usa la provocación para desestabilizarla, cambiando su foto a un perro para marcar territorio digitalmente. Verla reaccionar con esa mezcla de furia y rubor en Hazla perder el control es puro oro. La dinámica de amo y mascota se siente peligrosa pero irresistible. Definitivamente, Silas sabe exactamente cómo tocar sus teclas para volverla loca sin siquiera tocarla.