Ver a la protagonista con la herida en la frente y esa mirada rota mientras sostiene la foto manipulada me partió el alma. La tensión en la casa es insoportable, especialmente cuando él entra con la niña y la otra mujer, ignorando su dolor. La escena en el estudio fotográfico añade una capa de misterio fascinante sobre la identidad de la pequeña. En Llevo tu luz, mi hija, cada silencio grita más que los diálogos. La actuación de ella transmitiendo desesperación sin decir una palabra es simplemente magistral y te deja pegado a la pantalla.