La tensión entre estas dos es palpable desde el primer segundo. El contraste visual entre el negro dominante y la blancura etérea crea una atmósfera de rivalidad elegante pero feroz. No hacen falta gritos; sus gestos y la postura defensiva lo cuentan todo. Ver este nivel de drama en Solo yo, arrasando todo me tiene enganchado a la pantalla, esperando a ver quién cede primero en este juego psicológico tan bien actuado.