La tensión en la mesa es palpable desde el primer momento. La criada sirve con una sonrisa nerviosa mientras la jefa observa con frialdad, pero todo cambia cuando él prueba la comida y sufre un ataque repentino. La aparición de la mujer de negro con ese frasco misterioso sugiere un envenenamiento premeditado en Solo yo, arrasando todo. Los gestos de dolor y las miradas de sospecha crean un drama doméstico lleno de intriga y traición que no te deja respirar.