La atmósfera en la subasta de arte es eléctrica, especialmente cuando ella levanta la tarjeta con el número 02. La mirada de él, bebiendo whisky con esa calma aparente, delata una tensión oculta que me tiene enganchada. Ver cómo ella le entrega su tarjeta de restauradora experta y él la examina en su mansión crea un misterio fascinante. La escena final en la puerta, con ambos vestidos de seda y esa conversación silenciosa pero cargada de significado, es puro cine. Definitivamente, ¡Querido, yo también te engañé! sabe cómo construir un romance lleno de secretos y elegancia que no puedes dejar de mirar.