¡Ríndanse ante su Dios Profano! me tiene enganchada. La tensión entre el rector y el protagonista es palpable, con grietas en el suelo que presagian caos. El beso inesperado añade romance, pero la escena del hospital con Víctor Salas y la chica de cabello plateado bebiendo el líquido púrpura es escalofriante. Su transformación con el zorro de nueve colas es visualmente impactante. La atmósfera oscura y los giros dramáticos hacen que cada episodio sea una montaña rusa de emociones. ¡No puedo dejar de ver!