¡Qué tensión! Ver a esas chicas con alas y armaduras temblar ante el dragón cósmico me puso la piel de gallina. La escena donde el protagonista sonríe frente al espejo mientras todo se desmorona es pura maestría visual. En ¡Ríndanse ante su Dios Profano! no hay respiro: cada plano grita poder, locura y destino. Ese dragón tragándose soles… ¿es metáfora o advertencia? No lo sé, pero no puedo dejar de verlo.