Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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La lluvia no oculta el dolor, solo lo refleja
En *Sometido a ti*, la escena del cementerio bajo la lluvia no es solo un ritual fúnebre, sino una metáfora de emociones contenidas: la mujer con sombrero negro y velo, serena pero con los ojos brillantes, sostiene un sobre amarillo que parece contener más que documentos —quizás una verdad enterrada junto con la tumba de Xie Qingzhi. El joven, con su traje impecable y la flor blanca como única grieta en su compostura, aprieta el puño hasta que sangra, sin decir palabra. Nadie habla, pero cada gesto grita: el hombre mayor en el salón, con su sonrisa forzada y taza de té fría; la mirada fugaz entre los protagonistas al salir, cuando él la acorrala contra la pared y ella, por primera vez, deja caer el velo… no de duelo, sino de rendición. La tensión no está en lo que se dice, sino en lo que se calla, en cómo el luto se convierte en preludio de algo más oscuro y peligrosamente íntimo.