Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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El anillo verde y el silencio que habla más que mil palabras
En Sometido a ti, la tensión no estalla con gritos, sino con el crujido de un anillo de jade girando entre los dedos de un hombre que parece llevar décadas de secretos cosidos en su traje a rayas. La sala de reuniones, fría y simétrica como una catedral corporativa, se convierte en un ring donde cada mirada es un golpe bajo: el hombre del sombrero negro, con su expresión de quien ya ha visto demasiado, observa cómo el otro, en marrón oscuro, intenta sonreír mientras sus ojos traicionan inquietud. Y ella, en encaje negro, con pendientes que brillan como advertencias, no dice nada… hasta que lo hace: su voz suave pero firme rompe el hielo, y en ese instante, todos saben que el poder ya no está en la mesa, sino en sus manos entrelazadas —y en ese anillo de diamantes que ajusta con delicadeza, como si sellara un pacto invisible. La verdadera negociación nunca fue sobre cifras; fue sobre quién controla el silencio.