Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
Recomendado para ti





La tensión que se respira entre las sombras de Sometido a ti
En una sala bañada por la luz tenue de una lámpara antigua y el parpadeo de una vela, dos personajes se mueven como piezas de un ajedrez emocional. Ella, con su jersey marrón ribeteado de encaje y ese collar que parece una declaración silenciosa, hojea un libro negro con dedos que no tiemblan, pero sí hablan: cada gesto es una pregunta, cada pausa, una respuesta pospuesta. Él, envuelto en seda negra y encaje blanco —un contraste tan deliberado como su mirada— escucha, observa, contiene. No hay gritos, apenas susurros, pero el aire vibra. Cuando ella levanta la vista y sonríe, no es una sonrisa cualquiera: es la que precede a una confesión o a una trampa. Y él, con los labios pintados de rojo oscuro, asiente sin hablar, como si ya hubiera firmado el pacto antes de que las palabras salieran. En Sometido a ti, el poder no está en quién manda, sino en quién sabe cuándo callar… y cuándo dejar que el otro se acerque demasiado.