Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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El vino que revela más que las palabras
En *Sometido a ti*, la tensión no se construye con gritos, sino con miradas fugaces, gestos contenidos y un vaso de vino que pasa de mano en mano como un testigo incómodo. El hombre con traje azul a rayas finas, su reloj ostentoso y su sonrisa forzada parece dominar la escena al aire libre… hasta que el joven con la insignia de ancla lo observa en silencio, con una calma que resulta más amenazante que cualquier desafío verbal. La mujer, con su broche en forma de corona y los brazos cruzados, no habla mucho, pero sus cejas levantadas y su leve sonrisa al ver cómo el anciano se levanta para confrontar al joven —y luego, en el interior, le agarra la muñeca con insistencia— lo dicen todo: esto no es un almuerzo familiar, sino una negociación de poder disfrazada de cena. Cuando el vino se derrama simbólicamente sobre la mesa negra, nadie se levanta a limpiarlo. Todos saben que ya no hay vuelta atrás. La verdadera acción no está en lo que se dice, sino en lo que se calla… y en quién decide soltar la mano primero.