Ver a ese grupo de personas cubiertas de nieve artificial mientras el cielo está despejado me dio escalofríos. La tensión entre la mujer de blanco y el chico del micrófono es palpable, como si estuvieran librando una batalla silenciosa antes del caos real. Cuando los esmeraldas caen del cielo y la ciudad se llena de humo verde, supe que nada sería igual. En Soy el señor del apocalipsis, cada copo de nieve parece esconder un secreto, y cada mirada, una traición. La escena donde él apunta con esa vara negra mientras ella extiende la mano... ¡qué intensidad! No es solo drama, es el preludio de algo mucho más oscuro.