La tensión en la sala de ventas es palpable cuando Xiao Ran se encuentra con su ex pareja y su nuevo acompañante. La arrogancia de ella al señalar el modelo arquitectónico contrasta brutalmente con la calma absoluta de él, quien acaba de ganar 5 mil millones. Ver cómo Xiao Ran disfruta de su momento en Soy el señor del apocalipsis mientras observa su desesperación es pura satisfacción. La narrativa visual es impecable, capturando cada microexpresión de arrepentimiento sin necesidad de gritos. Una obra maestra sobre cómo el éxito es la mejor venganza.