La atmósfera en Soy el señor del apocalipsis es insoportable. El hombre con abrigo de cuero domina la escena con una furia contenida que asusta, mientras la chica en uniforme de sirvienta parece atrapada en una pesadilla. Los dos espectadores en el sofá reflejan nuestra propia impotencia ante el drama. El cambio repentino a luz azul al final eleva el suspense a otro nivel, dejándote con la boca abierta y deseando ver el siguiente episodio inmediatamente. Una montaña rusa emocional.